Rosewood Puebla: El único luxury hotel que se siente como un hogar

Por Daniel Olea,

Una de las partes difíciles de regresar a casa es sentirte como en casa otra vez. En mi experiencia, volver a Puebla representa una combinación de recuerdos y sorpresas que nunca se detienen. La ciudad evoluciona constantemente y lo balancea con su característico ambiente y estructura que fortalecen el concepto de que Puebla lo tiene todo.

Un ejemplo de las nuevas propuestas que ofrece el centro de la ciudad es el Hotel Rosewood en el barrio del Alto. Por eso, en mi más reciente visita decidí descubrir esta nueva cara de mi viejo hogar al lado de una mis principales razones para volver siempre: mi madre.

Cuando le propuse la idea de desconectarse de la rutina e ir juntos al Rosewood, su vocecita de mamá dijo algo así como “¿Es el nuevo edificio en el barrio de San Francisco?, no sabía que era un hotel. Qué bonito”. Eso no solo significa que convencerla fue fácil, también creo que es una buena forma de definir la sensación que experimentarás al estar ahí; es imposible no notar que ese novedoso edificio llegó para revivir el espíritu visual y atmosférico de la zona, a través de una infraestructura sutil y estética que encaja perfecto con el entorno, que impone, pero no abruma.

A su vez, apreciarás trabajos de renovación en los alrededores del hotel, lo que transforma tu estadía en una experiencia llena de elegancia y buen gusto plasmado en cada ángulo que mires.

Rosewood

Después de que nos condujeran hasta el lobby, la experiencia Rosewood dio inicio como una sinfonía que endulza los oídos y que lentamente aumenta de intensidad. Como la mayoría de los hoteles de esta cadena, el concepto trata de adoptar algunas de las características locales para complementarlas con su peculiar toque de elegancia. Esto se ve reflejado en detalles de talavera y cobre mezclados con el concreto, por ejemplo.

Las tres edificaciones que dan vida a Rosewood se entrelazan conservando ciertas formas y materiales originales, que se complementan con algunos toques de diseño, arquitectura y tecnología vanguardista. El spa, restaurantes, terraza y bar del hotel están abiertos a todo el público, así que no necesitas estar hospedado para disfrutar de la magia del sello sense of place.

Además de los atributos materiales, el staff es una cualidad sobresaliente de esta experiencia. En todo momento, es evidente que tanto la gentileza como el expertise de cada colaborador, viene en la misma medida.

Habitación

Llegamos a nuestra espaciosa habitación y ajustamos digitalmente la temperatura. Lo primero que noté es que el contraste entre madera y plata, así como las tonalidades pasteles resaltan perfectamente con la iluminación natural que cruza por las ventanas.

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Echamos un vistazo al servibar provisto con bebidas premium, y después mi mamá se propuso iniciar una lectura vespertina, mientras yo me dejaba consentir por el suave abrazo de una queen size. Después, tomé un relajante baño de tina, del que no hubiera salido nunca, excepto porque debía escribir este artículo (por cierto, también podrás programar la temperatura del agua para que permanezca idéntica durante toda tu estancia).

Terraza

Más tarde, decidimos conocer la terraza. Este espacio provee de 360 grados de paraíso visual, ya sea por los detalles dentro del hotel o los panoramas que regalan los distintos barrios que le rodean, todos los puntos cardinales reflejan la elegancia de la arquitectura colonial y la belleza natural de una de las ciudades más bonitas de nuestro país.

Aquí podrás disfrutar de la alberca acompañado por tu bebida favorita, así como por diversos camastros y una vista privilegiada hacia el Popocatépetl e Iztaccihuatl. El servicio de bar está disponible a partir de las 8 de la noche, y tanto la terraza como el Bar Los Lavaderos, cuentan con una fina selección de destilados nacionales y bebidas de renombre internacional. Como ya mencionaba, está abierta a todo público, así que, puede ser el escenario romántico para tu próximo fin de semana, o el espacio ideal para tu próximo evento.

Bar Los Lavaderos

Abandoné la terraza, y cambié la cúspide del hotel por su parte más profunda: el Bar Los Lavaderos. El lounge fue construido a un costado de Los Lavaderos de Almoloya, considerados Patrimonio de la Humanidad, lo que lo transforma en una prueba más de la delicadeza con la que Rosewood mezcla elementos clásicos con sofisticados toques de modernidad. Y hablando de mezclas, no puedes dejar de probar algunos de sus cocteles exclusivos como “La Espada” o “El Sabor de los Alpes”.

El bar está abierto cada día de 6 de la tarde a 2 de la mañana, y además de su original coctelería, encontrarás tapas y otros platillos ligeros. A pesar de todo, creo que mi parte favorita fue su increíble capacidad para transportarme a la esencia del México antiguo en un espacio íntimo e inspirador de buenas conversaciones.

Restaurante

Después del aperitivo decidimos concluir la noche cenando en el Pasquinel Bistro de Rosewood, el cual cuenta con parrilla y horno de piedra, lo que imprime un sabor con consistencia única a cada platillo. Su oferta culinaria es diversa desde las entradas hasta los postres, los domingos se sirve un recomendable brunch buffete de 10 de la mañana a 4 de la tarde, y prácticamente, todo es preparado con materia prima poblana.

La cena fue fantástica, acompañada de vino blanco y unas cuantas margaritas. A pesar de que el ambiente era muy agradable y el personal siempre atento, todos sabemos que cuando temas como los amoríos de juventud de tu mamá salen a la mesa, es buen momento para irse a descansar.

Spa y Gimnasio

Tras despertar y realizar una cita en el spa, era hora de que mi mamá tuviera un merecido momento para consentirse, mientras yo me daba una vuelta por las instalaciones, y me paseaba por el gimnasio.

El equipo encargado de la experiencia wellness trabaja con refinados productos importados de Francia y realizan distintos tratamientos musculares y para la piel, incluyendo el exclusivo masaje talavera, único en el mundo. En él, piezas cálidas de talavera realizan una terapia de relajación casi artesanal, y según mi mamá fue algo así como un suave paseo hacia las nubes, así que no sé si las margaritas seguían haciendo su efecto o si las chicas del spa realmente tienen un don. Yo apostaría por la segunda opción, y te invitaría a comprobarlo con alguno de sus tratamientos, es conveniente que sepas que los residentes de la ciudad cuentan con un 20% de descuento en su propio pasaje al mundo de las nubes.

Café Azul Talavera

Un poco más en la tierra, tuve la fortuna de apreciar una soleada mañana con vista al templo de San Francisco desde el Café Azul Talavera. En el pequeño restaurante, se sirven platillos ligeros inspirados en la cocina europea, vinos mexicanos, y un buen café para degustar entre bonitos detalles decorativos.

Antes de partir, queríamos recorrer un poco la zona, ya que sobra decir que la ubicación privilegiada te deja a unos pasos de algunos de los barrios más emblemáticos de la historia poblana: Analco, el Centro Histórico, San Francisco, El Alto, e invirtiendo unos cuantos minutos más, estarás en los Fuertes de Loreto y Guadalupe con su impresionante vista de la ciudad.

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La gran cualidad del Rosewood Puebla es que sin importar que viajes por tu cuenta, en familia, en pareja, (o incluso para compartir un fin de semana entre madre e hijo) el servicio personalizado y la atención por los detalles encontrarán la forma adecuada de cautivarte profundamente.

Tal vez la ciudad no se vea exactamente como la recuerdo, pero la compañía, el staff y la calidad premium del hotel  lograron transportarme a un reconfortante paraíso en el que realmente me sentí como en casa… aunque claro, si en casa tuviera una terraza con un paisaje como este, seguro que mi mamá y yo nos veríamos mucho más seguido.